Ávila ha estado durante 87 días -más de dos Cuaresmas- sin poder postrarse ante el suspiro eterno que contiene el pecho de Dios. Casi tres meses sin poder amarrarse a Sus manos amarradas que cada mes de marzo tiran de la primavera para traerla, tantas veces a regañadientes, al pie de las Murallas. Casi catorce semanas sin comprobar que no se puede aguantar la mirada baja del Rey de los humildes que reina en el Universo. Miguel Ángel Laguna Villalobos (1976), imaginero y resta