En un armario de su casa descansa, eterna, la vieja túnica de su padre. Herencia de valor incalculable que vistió muchos Viernes Santos hasta que el paso del tiempo dictó que debía ser sustituida por una nueva. Había que mantener la elegancia rigurosa y perfecta de los nazarenos negros que alumbran al Señor muerto en el Sepulcro y a su Madre, compungida y doliente, por el entramado de calles de la ciudad antigua de Ávila. La vida de Manuel Enríquez está ligada al Real a Ilust